Historia

Armas de la Villa de Ariño

La villa de Ariño nos ofrece en su primera época histórica como entidad suburbana en la Tenencia de Albalate formando parte de la mesa episcopal de Zaragoza.

La reconquista sucede en torno al año 1330 y el lugar de Ariño es atribuido por el rey de Aragón a don Sancho, obispo de Zaragoza, que lo transfiere a Don Pedro de Zaroca, primer señor seglar de Ariño. En 1255 cede intacto el Señorío a Don Arnaldo de Peralta, mediantes la suma de cuarenta moravetinos alfonsinos de oro. El comprador, el obispo de Zaragoza, agregó el término a su Tenencia de Albalate, inaugurada en 1242.

La Villa de Ariño salió de la mitra de Zaragoza en el siglo XII para volver a su dependencia; a finales del siglo XIII y perteneciendo a la corona, según privilegio de Jaime II de Aragón nos lleva a 1923, cuando los Sástago poseían el estado de Ariño por acuerdo de los prelados zaragozanos. Estos lo tuvieron que recobrar nuevamente de los reyes de Aragón y permanecerá en su poder hasta el siglo XIX. Entre linajes y herencias, el pueblo se iba mudando de manos.

La jurisdicción de Ariño queda retenida, a través de la Tenencia de Albalate, por los arzobispos de Zaragoza y así permanecerá hasta el siglo XIX. En el siglo anterior, Ariño se había separado ya de la tenencia de Albalate. El uso del escudo propio se inició al separarse de la misma y firmar así su propia identidad urbana. El símbolo incluye como blasón el cordero místico, emblema heráldico de la zona de la Seo de Zaragoza, de cuyo cuerpo canónico dependió, a la vez que del Prelado. El blasón familiar de los Ariño está presente en el escudo, antaño señores de la localidad, el más conocido de sus símbolos: lo conforman tres lobos paseantes de Sable.

En definitiva, se define el escudo como cortado en faja, colocando en el cuartel superior, en campo de plana, el Cordero de color blanco, símbolo de la Eucaristía, que va sentado sobre un libro y de cuya parte delantera se alza moviente hacia la izquierda una banderola blanca. En el cuartel inferior de oro, los tres lobos paseantes de sable están puestos en pal, el blasón más característico de los Ariño.

La corona marquesal es timbre del escudo y que demuestra que la villa estuvo unida a las casas tituladas Osera, Híjar y Sástago.

Fuente: texto del autor Adolfo Castillo Genzor.

 

 

 

 

 

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